El buen hombre
En muchas ocasiones he escuchado cómo muchas de mis amigas se preguntan cosas como: ¿Porqué es tan difícil encontrar buenos hombres? ¿Dónde estan los buenos hombres? ¿Porqué siempre me tengo que enamorar del chico equivocado? Y cosas por el estilo...
Bueno, yo no soy ningún gurú del amor. Es más, algunos de los que me conocen incluso me han de tildar como un ignorante en cuanto a cómo tener una relación amorosa debido a mi 'poca experiencia en este campo'. Sin embargo, una relación de noviazgo, al igual que una relación fraternal, amical, filial o paternal, tiene detrás suyo las mismas premisas para poderlo vivir auténticamente. No sólo de las experiencias propias se aprende. El varón y la mujer sabia saben aprender de las experiencias ajenas. Sea que estas vengan de la transmisión oral de familiares, amigos o conocidos; o sea que vengan también de la palabra escrita a través de los libros. Sé que soy una persona que todavía tiene mucho trecho que caminar; sé que soy una persona que tiene virtudes, pero también tiene su saco de defectos, y de hecho, me faltan años por recorrer para poder llegar a reflejar ese ideal de ser un hombre justo, santo y sabio al cual quiero llegar. Aún a pesar de eso, conozco de dónde vengo, quién soy ahora, y hacia dónde quiero ir, y por eso me gustaría compartir con ustedes algo que quizás pueda responder a esas preguntas que puse al iniciar esta entrada.
Obviamente, dada mi formación Cristiana-Católica, lo que voy a compartir está bajo la perspectiva de un chico Católico cuya vocación es el matrimonio sacramental. Pero de igual manera se puede aplicar a cualquier hombre de buena voluntad:
Entonces, para comenzar, podríamos decir que un buen hombre tiene que ver el noviazgo como una actividad que desemboca en el matrimonio y no verlo solamente como una 'cosa para hacer'. Tiene que tener una intención real de permitir que este noviazgo se torne serio y tomar responsabilidad por el amor que se pueda desarrollar. Tiene que ser capaz de buscar a una mujer con el propósito de encontrar a alguien que podrá ser una compañera adecuada para el matrimonio. Tiene que ser capaz de tomar la decisión de vivir con ella una vida de amor, de compromiso, y responsabilidad en el Santo sacramento del Matrimonio.
Es por estas razones que un buen hombre no tiene que tener miedo al compromiso. Sí, hay que reconocer que un cierto nivel de 'miedo' es natural; sin embargo, es un nerviosismo que no tiene que perturbar el desarrollo de la habilidad para actuar por Amor. Y es este compromiso que impulsa al buen hombre a tomar el concepto de ser el 'buscador' con seriedad y con buena voluntad ya que conoce que el buscar el corazón de la mujer es un rol para toda la vida. El buen hombre busca hacer sentir especial a la mujer y no puede parar de buscarla cuando ya la haya encontrado (es decir, cuando ya estén casados).
Obviamente, durante esta búsqueda, el buen hombre sabe que va a ser rechazado muchas veces antes de encontrar a la persona correcta. Sin embargo, el buen hombre acepta el rechazo con elegancia y con respeto, nunca tratando de inflingir negatividad en la mujer por su decisión porque reconoce que una auténtica búsqueda siempre se la hace con caridad y castidad (en otras palabras, lejos de la lujuria o del control). Es una búsqueda desinteresada, donde se busca el bien y la felicidad de la mujer, incluso a riesgo de ser rechazado; pero, de igual manera, el buen hombre tiene que estar dispuesto a intentar buscar a la mujer nuevamente después de un rechazo inicial. Algunas veces, un rechazo es sólo parte de hacerse 'la difícil' de conseguir. La mujer quizás no sabe cómo interpretar la búsqueda del hombre; incluso puede estar inclinada a rechazarlo por incertidumbre. El buen hombre es inteligente y observa esto, y está dispuesto a aceptar el riesgo al rechazo, incluso múltiples veces. Por eso el buen hombre sabe que el momento y el modo de presentarse a sí mismo es importante ya que no quiere pasar por acosador o hacer sentir a la mujer incómoda; y si hay duda, acepta el rechazo incial con dignidad y sigue adelante.
El buen hombre es humilde ya que siempre tiene presente que la mujer también tiene que lidiar con las inconsistencias de él; es por esto que esta dispuesto a practicar la paciencia, que es una virtud que se la adquiere a lo largo de la vida. El buen hombre tiene que estar dispuesto a crecer en paciencia durante el noviazgo y en el matrimonio ya que sino, corre el riesgo de volverse un azote para la mujer en lugar de una bendición. Y la humildad y la paciencia crecen en el buen hombre cuando van de la mano de la docilidad, que es una habilidad crítica en el rol del esposo en un matrimonio. Esta habilidad de comprometerse y tolerar hacen del buen hombre alguien que no es ni muy rígido ni muy laxo en su manera de actuar con su pareja.
Y son todas estas características ya mencionadas las que hacen del buen hombre alguien digno de confianza ya que a parte de eso, sabe liderar y sabe trabajar fuertemente y enfocarse en resolver sus propios problemas; también sabe compartirlos con la mujer que Dios puso en su camino y este tipo de compartir le permite a la mujer saber que está tratando con un hombre que es responsable de sí mismo, alguien que irradia seguridad. Esta seguridad viene del hecho de que el buen hombre se conoce a sí mismo y mantiene su autorespeto, su dignidad y su confianza en que Dios lo ama. Por eso, el buen hombre tiene que tomar la iniciativa en la relación para asegurarse de que no haya sexo pre-matrimonial, ni ninguna otra expresión sexual. El buen hombre se deshace de la pornografía, o cual quier otra impureza en su vida; para de masturbarse y hace todo lo posible por ser un hombre casto y puro.
Finalmente, el buen hombre tiene que tener una vocación al servicio hacia los demás. El matrimonio implica una vida donde se sirve, se hace feliz, se mantiene contenta y en paz a la esposa. Pero para esto último, el buen hombre tiene que tener paz interior; y la paz interior viene sólo con una fuerte vida de oración. El buen hombre permanece conectado hacia el Señor, su Iglesia y los sacramentos, en especial la confesión y la Eucaristía. Una vida pobre de oración lleva al hombre a buscarse a sí mismo, y lo desconecta de la fuente de gracia. Es imposible vivir el amor esponsalicio sin tener a Cristo como su centro. Y para que Cristo sea su centro, tiene que conocerlo y saber a qué está llamado a vivir en el sacramento del matrimonio; y para conocer esto, el buen hombre estudia y memoriza las enseñanzas de la Iglesia sobre el fin y el propósito del matrimonio (que se lo puede encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica)
Mis queridos lectores, a pesar de que quedó un poco larga esta entrada, esto es lo que (en mi propia experiencia) permite saber cuando se tiene a un buen hombre frente a uno. Cada uno de nosotros (los varones) tenemos que alentarnos y enfocarnos en adquirir estas cualidades que nos ayudarán a ser los buenos hombres que las buenas mujeres buscan, y debemos poner los medios concretos necesarios para exitosamente atraer y casarnos con una buena mujer.
[Esta entra fue creada a partir del artículo de Anthony Buono Wanted: Dating Catholic Male]
Bueno, yo no soy ningún gurú del amor. Es más, algunos de los que me conocen incluso me han de tildar como un ignorante en cuanto a cómo tener una relación amorosa debido a mi 'poca experiencia en este campo'. Sin embargo, una relación de noviazgo, al igual que una relación fraternal, amical, filial o paternal, tiene detrás suyo las mismas premisas para poderlo vivir auténticamente. No sólo de las experiencias propias se aprende. El varón y la mujer sabia saben aprender de las experiencias ajenas. Sea que estas vengan de la transmisión oral de familiares, amigos o conocidos; o sea que vengan también de la palabra escrita a través de los libros. Sé que soy una persona que todavía tiene mucho trecho que caminar; sé que soy una persona que tiene virtudes, pero también tiene su saco de defectos, y de hecho, me faltan años por recorrer para poder llegar a reflejar ese ideal de ser un hombre justo, santo y sabio al cual quiero llegar. Aún a pesar de eso, conozco de dónde vengo, quién soy ahora, y hacia dónde quiero ir, y por eso me gustaría compartir con ustedes algo que quizás pueda responder a esas preguntas que puse al iniciar esta entrada.
Obviamente, dada mi formación Cristiana-Católica, lo que voy a compartir está bajo la perspectiva de un chico Católico cuya vocación es el matrimonio sacramental. Pero de igual manera se puede aplicar a cualquier hombre de buena voluntad:
Entonces, para comenzar, podríamos decir que un buen hombre tiene que ver el noviazgo como una actividad que desemboca en el matrimonio y no verlo solamente como una 'cosa para hacer'. Tiene que tener una intención real de permitir que este noviazgo se torne serio y tomar responsabilidad por el amor que se pueda desarrollar. Tiene que ser capaz de buscar a una mujer con el propósito de encontrar a alguien que podrá ser una compañera adecuada para el matrimonio. Tiene que ser capaz de tomar la decisión de vivir con ella una vida de amor, de compromiso, y responsabilidad en el Santo sacramento del Matrimonio.
Es por estas razones que un buen hombre no tiene que tener miedo al compromiso. Sí, hay que reconocer que un cierto nivel de 'miedo' es natural; sin embargo, es un nerviosismo que no tiene que perturbar el desarrollo de la habilidad para actuar por Amor. Y es este compromiso que impulsa al buen hombre a tomar el concepto de ser el 'buscador' con seriedad y con buena voluntad ya que conoce que el buscar el corazón de la mujer es un rol para toda la vida. El buen hombre busca hacer sentir especial a la mujer y no puede parar de buscarla cuando ya la haya encontrado (es decir, cuando ya estén casados).
Obviamente, durante esta búsqueda, el buen hombre sabe que va a ser rechazado muchas veces antes de encontrar a la persona correcta. Sin embargo, el buen hombre acepta el rechazo con elegancia y con respeto, nunca tratando de inflingir negatividad en la mujer por su decisión porque reconoce que una auténtica búsqueda siempre se la hace con caridad y castidad (en otras palabras, lejos de la lujuria o del control). Es una búsqueda desinteresada, donde se busca el bien y la felicidad de la mujer, incluso a riesgo de ser rechazado; pero, de igual manera, el buen hombre tiene que estar dispuesto a intentar buscar a la mujer nuevamente después de un rechazo inicial. Algunas veces, un rechazo es sólo parte de hacerse 'la difícil' de conseguir. La mujer quizás no sabe cómo interpretar la búsqueda del hombre; incluso puede estar inclinada a rechazarlo por incertidumbre. El buen hombre es inteligente y observa esto, y está dispuesto a aceptar el riesgo al rechazo, incluso múltiples veces. Por eso el buen hombre sabe que el momento y el modo de presentarse a sí mismo es importante ya que no quiere pasar por acosador o hacer sentir a la mujer incómoda; y si hay duda, acepta el rechazo incial con dignidad y sigue adelante.
El buen hombre es humilde ya que siempre tiene presente que la mujer también tiene que lidiar con las inconsistencias de él; es por esto que esta dispuesto a practicar la paciencia, que es una virtud que se la adquiere a lo largo de la vida. El buen hombre tiene que estar dispuesto a crecer en paciencia durante el noviazgo y en el matrimonio ya que sino, corre el riesgo de volverse un azote para la mujer en lugar de una bendición. Y la humildad y la paciencia crecen en el buen hombre cuando van de la mano de la docilidad, que es una habilidad crítica en el rol del esposo en un matrimonio. Esta habilidad de comprometerse y tolerar hacen del buen hombre alguien que no es ni muy rígido ni muy laxo en su manera de actuar con su pareja.
Y son todas estas características ya mencionadas las que hacen del buen hombre alguien digno de confianza ya que a parte de eso, sabe liderar y sabe trabajar fuertemente y enfocarse en resolver sus propios problemas; también sabe compartirlos con la mujer que Dios puso en su camino y este tipo de compartir le permite a la mujer saber que está tratando con un hombre que es responsable de sí mismo, alguien que irradia seguridad. Esta seguridad viene del hecho de que el buen hombre se conoce a sí mismo y mantiene su autorespeto, su dignidad y su confianza en que Dios lo ama. Por eso, el buen hombre tiene que tomar la iniciativa en la relación para asegurarse de que no haya sexo pre-matrimonial, ni ninguna otra expresión sexual. El buen hombre se deshace de la pornografía, o cual quier otra impureza en su vida; para de masturbarse y hace todo lo posible por ser un hombre casto y puro.
Finalmente, el buen hombre tiene que tener una vocación al servicio hacia los demás. El matrimonio implica una vida donde se sirve, se hace feliz, se mantiene contenta y en paz a la esposa. Pero para esto último, el buen hombre tiene que tener paz interior; y la paz interior viene sólo con una fuerte vida de oración. El buen hombre permanece conectado hacia el Señor, su Iglesia y los sacramentos, en especial la confesión y la Eucaristía. Una vida pobre de oración lleva al hombre a buscarse a sí mismo, y lo desconecta de la fuente de gracia. Es imposible vivir el amor esponsalicio sin tener a Cristo como su centro. Y para que Cristo sea su centro, tiene que conocerlo y saber a qué está llamado a vivir en el sacramento del matrimonio; y para conocer esto, el buen hombre estudia y memoriza las enseñanzas de la Iglesia sobre el fin y el propósito del matrimonio (que se lo puede encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica)
Mis queridos lectores, a pesar de que quedó un poco larga esta entrada, esto es lo que (en mi propia experiencia) permite saber cuando se tiene a un buen hombre frente a uno. Cada uno de nosotros (los varones) tenemos que alentarnos y enfocarnos en adquirir estas cualidades que nos ayudarán a ser los buenos hombres que las buenas mujeres buscan, y debemos poner los medios concretos necesarios para exitosamente atraer y casarnos con una buena mujer.
[Esta entra fue creada a partir del artículo de Anthony Buono Wanted: Dating Catholic Male]
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